Crisis? What Crisis?

Crisis? What Crisis?

“Ya no sé qué hacer. Estoy llegando a ese punto en el que tengo que plantearme si cerrar mi negocio para salvar al menos algunos muebles. Las ventas llevan años cayendo, los bancos asfixian la tesorería de la empresa, y pagar todos los meses las nóminas y la Seguridad Social es un auténtico calvario. Y no te cuento ya pagar los impuestos, que el cierre de cada trimestre es un drama. La competencia tira los precios y yo tengo que adaptarme a la nueva situación, así que ahora vendo menos y a menor precio. Sé que tengo que renovar maquinaria para ser más competitivo y sobrevivir, pero no tengo dinero para hacerlo y los bancos no me financian. Llevo cinco años poniendo dinero en la empresa, y ni siquiera me puedo permitir cobrar mi nómina, con lo que lo poco que he podido ahorrar en los años buenos se terminó hace unos meses, y tuve que hipotecar mi casa para ir tirando. La verdad es que con este panorama no puedo conciliar el sueño por las noches, pensando en cómo voy a salir de ésta”. Desgraciadamente, este estado de cosas lo hemos oído con demasiada frecuencia durante los últimos años. La crisis y la rapidez en los cambios del mercado han cogido a muchas pequeñas y medianas empresas con el paso cambiado, sobreendeudados y con poco margen de maniobra para poder adaptarse a la nueva situación, todo ello agravado por el abrupto cierre de financiación por parte de los bancos que, por mucho que algunos se empeñen en decir lo contrario, siguen lejos de estar en condiciones de prestar ayuda de ningún tipo al sistema productivo, y en especial a las pymes. Antes al contrario, cada renovación de póliza de crédito o línea de descuento supone poner encima de la mesa más garantías y pagar mayores comisiones y tipo de interés, entrando las empresas y negocios en una espiral de deuda ciertamente peligrosa para su supervivencia. La buena noticia es que este tipo de situaciones suelen tener solución. Un estudio detallado de la situación, que abarque todos los aspectos clave de la empresa (financiero, comercial, organizativo, productivo, posicionamiento en el mercado…) y la adopción de medidas que ayuden a la recuperación del negocio son imprescindibles, aunque en muy pocas ocasiones, sobre todo en las pymes, se hace esta labor de manera ordenada y objetiva. ¿Por qué? Pues fundamentalmente por dos razones: el día a día impide tomar la distancia necesaria para hacer un diagnóstico adecuado, y por otra parte la propia implicación emocional de la dirección impide contar con la necesaria objetividad a la hora de situar la realidad del negocio. Por estos motivos una de las mejores decisiones...

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